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Modesto Tapia

3 de noviembre de 2025

En el cementerio se encuentra inhumado Modesto Tapia y Caballero (1826-1896) en la manzana 79. Su enteramiento sigue una tipología muy empleada en el arte funerario de Ciriego en la década de los 90 del siglo XIX. Al exterior, la estructura arquitectónica presenta un cierto desarrollo en altura sin llegar a alcanzar las proporciones de un panteón; aun así, consigue una solución más destacada que la de un sepulcro corriente.

Sus paramentos en piedra se resuelven en tres de sus lados de manera sencilla, mientras que la cara principal, lugar por el que se introducen los cuerpos, cuenta con un cierre que, en origen, era de hierro y estaba horadado con una cruz; en la actualidad, presenta una losa de mármol con una inscripción: “LA CAJA DE AHORROS DE SANTANDER/ A su Fundador/ XXXI – X – MCMLIV”. El monumento se remata con una cruz en relieve que ocupa el largo y ancho del sepulcro, sobresaliendo de los costados. En los ángulos, y sin que se contemplase en el proyecto, cuatro luces votivas pétreas completan el conjunto.

El encargado de esta obra fue Bartolomé P. Cortés, maestro de obras que desarrolló una producción funeraria entre los años 1895 y 1898. Fruto de esa etapa se pueden visualizar en el cementerio de Ciriego otros monumentos funerarios de su fábrica, tales como el panteón de Antonio Vázquez o el de la familia de don Celestino Barreda, entre otros.

Modesto Tapia fue un prolífero industrial hojalatero asentado en Santander, aunque natural de Burgos. Apenas hay notas biográficas sobre él, pero es reconocido por las numerosas donaciones que hizo a lo largo de su vida, destinadas tanto a instituciones como las Hermanas Trinitarias, los Padres Salesianos, el Hospital de San Rafael, la Cárcel de Santander o la Cruz Roja, entre otras, como a iniciativas de carácter social y comunitario, entre ellas la Alcaldía o la Cámara de Comercio.

Su legado continúa a título póstumo, ya que en su testamento deja por escrito que destina 45.000 pesetas a fines benéficos. A partir de esta voluntad, y gracias a la actuación del Gobernador Civil, Francisco Rivas Moreno, se funda el Monte de Piedad bajo la premisa de atender a los más necesitados en un momento especialmente delicado, marcado por la crisis económica tras la pérdida de las colonias de ultramar en 1898 y, como resultado, la paralización del intercambio personal y comercial con América en el puerto de Santander. Todo ello hacía aún más necesario la apertura del Monte de Piedad en la ciudad.

El primer Consejo de Administración se constituyó el 11 de febrero de ese mismo año con representantes del Ayuntamiento, la Diputación, el Obispado, la Cámara de Comercio y la Liga de Contribuyentes. La reina regente María Cristina aprobó los estatutos el 28 de abril y el 3 de junio quedó oficialmente constituida la entidad bajo la denominación de “Monte de Piedad de Alfonso XIII y Caja de Ahorros de Santander”. El recuerdo de Tapia y Caballero estuvo muy presente desde el inicio. Una de las primeras decisiones del Consejo fue colocar una lápida en su memoria con un texto redactado por el escritor José María de Pereda, uno de los impulsores de la Caja desde su fundación.

En 1902, la entidad encarga al arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner un proyecto para su sede en la calle Tantín, cuya dirección de obras estaba a cargo de los arquitectos locales Casimiro Pérez de la Riva y Joaquín Rucoba. La construcción del edificio, de estilo montañés, fue posible gracias a la financiación de los marqueses de Comillas. La primera piedra fue colocada por Alfonso XIII en 1905 y el edificio se inaugura en 1907. Con el tiempo, la sede se transformó en un espacio de cultura y en 1983 pasó a llamarse Centro Cultural “Modesto Tapia”. Desde el año 2007 es la sede del CASYC (Centro de Acción Social y Cultural de Caja Cantabria). Sin embargo, a modo de homenaje para recordar su figura, el escultor José Quintana cinceló su busto, el cual puede observarse en una de las fachadas que decoran el edificio.

El reconocimiento a Modesto Tapia en Santander se mantuvo a lo largo del tiempo. En enero de 1997 – con motivo del reciente centenario de su muerte – recibió el título de Hijo Adoptivo de Cantabria. En definitiva, se le sigue recordando como un hombre laborioso y humilde, cuya generosidad hizo posible la creación de una institución que contribuyó al desarrollo económico, social y cultural de la región.

Texto: Nerea Sondesa Llera

FUENTES:

  • VV. (1993). Encuentro internacional sobre los cementerios contemporáneos. Una arquitectura para la muerte. Sevilla: Consejería de Obras Públicas y Transportes, Dirección General de Arquitectura y Vivienda.
  • Bermejo Lorenzo, C. (1998). Arte y arquitectura funeraria. Los cementerios de Asturias, Cantabria y Vizcaya (1787 – 1936). Oviedo: Universidad de Oviedo.
  • Bermejo Lorenzo, C. (2005). Las necrópolis de Santander. Evolución histórica y análisis artístico. Santander: Ayuntamiento de Santander y Cementerio Jardín S. A.
  • Boletín Oficial de Cantabria (16 de enero de 1997). Año LXI. Número 12, pág. 330.
  • Falgás, M. (s/f.). Arte funerario, 80 láminas, lápidas, panteones, sarcófagos, atributos, etc. Barcelona: Sucesores de J. M. Fabre.
  • La Atalaya (20 de septiembre de 1894). Año II. Número 620, pág. 2.
  • Pardo Villar, L. (2006). Monumentos de Santander. Estatuas, placas y motivos ornamentales. Excmo. Ayuntamiento de Santander.
  • Pastor, J. M. (28 de enero de 1980). Economía y Banca, en Cantabria. Hoja del Lunes, Santander, pág. 15.