Al frente del panteón aparece una escultura representando al Buen Pastor, emplazada en una hornacina de arco apuntado y rematada con una decoración en la que se aprecian elementos vegetales y figuras monstruosas, a modo de gárgolas, en los laterales. El Buen Pastor aparece en edad madura (no es lo habitual ya que se suele representar a un joven pastor), con el cabello largo, barbado y cubierto con una túnica que le llega hasta los pies. En los hombros lleva el cordero y en su mano izquierda un cayado que le sirve de sustento.
El tema del Buen Pastor es frecuente en la iconografía cristiana primitiva, siendo un símbolo del amor al prójimo. En el siglo XX esta temática sigue siendo vigente no sólo en su significación cristiana, sino con el afán de mostrar la generosidad humana del hombre que sacrifica su vida por salvar la de un indefenso.
En la parte posterior del inmueble se ve un altorrelieve de la Virgen con el Niño que formaba parte del proyecto original del arquitecto, uno de los programas iconográficos más representados en los cementerios.
Emilio de la Torriente (1859-1949) trabajó fundamentalmente para el Obispado, las órdenes religiosas, dos inversores santanderinos (José Pontón y Vicente Trapaga) y para el Ayuntamiento de Laredo, del que fue arquitecto titular. En cuanto al cementerio de Ciriego, destaca la reconstrucción que hizo para el panteón del Cabildo Catedralicio y la construcción del panteón de José María Cossío. En este caso, el modelo que usa simplifica elementos del historicismo neogótico. Son muchos y destacados los ejemplos de tumbas que se adhieren a las referencias neogóticas en la arquitectura y arte funerario español.