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UN JARDÍN JUNTO AL MAR

Horno crematorio

Con la formación de la Sociedad Cementerio Jardín de Cantabria, S.A., se propuso la creación de un horno crematorio, proyectado por Emilio Diego Ruisánchez e inaugurado en 1998. Casimiro Pérez de la Riva plantea en su memoria la cuestión de la incineración de cadáveres: “los progresos de la higiene señalan como indispensable la incineración de los cuerpos, por lo menos en las grandes poblaciones demostrando que reúne á la vez todas las condiciones reclamadas por la moral y la religión, por la higiene y la economía”. Finalmente prescinde hacerlo porque consideraba que en ese momento todavía los santanderinos no podían asimilar una innovación de tales características. Y lo que en ese momento era utopía es un complemento en nuestro presente.

El proyecto ha sido respetuoso con las estructuras creadas por Casimiro Pérez de la Riva, integrando lo preexistente al nuevo edificio al incorporar rasgos de aquellas antiguas construcciones en la fachada principal del pabellón, en un ejercicio de síntesis y continuidad entre la vieja obra y la nueva. Este edificio viene a ocupar parte de lo que fue el depósito municipal de cadáveres y el pabellón de usos administrativos, que se cree necesario derribar para poder situar el horno. Según la memoria general, las obras consisten en la construcción del horno para incineración de cadáveres, con sus dependencias auxiliares y un depósito. En este espacio se distinguen dos zonas, la técnica, reservada al personal de servicio, y la de uso público. Al este y al oeste se emplazan los accesos a la sala pública tanto desde el exterior como desde el mismo cementerio, de tal manera que todos están interconectados a partir de ese espacio principal.