Esta familia, al igual que la Cué y otras familias de la época, destaca por sus diversos negocios comerciales en México, Cuba y Estados Unidos. Se puede considerar este monumento funerario como uno de los ejemplos de mayor majestuosidad del cementerio no sólo por las dimensiones que presenta, sino por su gusto por el detalle. Si además tenemos en cuenta la construcción que le sigue, dedicada a las víctimas de la explosión del barco Cabo Machichaco, esta esquina del cementerio se erige como uno de los principales lugares interés del camposanto.
El panteón se encuentra rodeado por un cierre también de piedra que acota la parcela y que, al estar separado del arranque del monumento enfatiza su singularidad y distinción. La construcción está destinada a nicherías. Como elemento de remate se ha representado un sepulcro elevado cubierto por templete, excepcional en Ciriego atendiendo al resto de construcciones funerarias. El sepulcro dispuesto sobre este templete se halla también decorado con motivos geométricos, cadenas y cabezas de ángeles. En este caso, la familia encargó la edificación de un inmueble de entidad y prestancia a Serafín Llama, responsable de cursar la solicitud del permiso necesario para la construcción del monumento siguiendo planos de Manuel Casuso Hoyo.