Se trata de un modesto enterramiento que nos sirve para mostrar un ejemplo de la iconografía funeraria recurrente en el cementerio. La sepultura aparece rematada por una bola que simboliza el universo, hojas de palma que aluden el martirio y la eternidad y columnas dóricas quebradas que representan la vida truncada del difunto.
El difunto Jesús Díaz Piedra, de 28 años, panadero de profesión, fue asesinado en Santander el 15 de diciembre de 1930 en una revuelta producida durante un período de huelga general de cuatro días con motivo del advenimiento de la II República. Falleció a causa de un tiroteo de la guardia civil en el cuartel María Cristina, actual centro cívico de la calle General Dávila. Durante 10 años sus restos permanecieron en un osario común, hasta que un concejal (Jerónimo Campano) solicitó que se otorgase, con carácter gratuito y a perpetuidad, el terreno actual en favor de su madre, y se autorizase a sus amigos a colocar un monolito en la sepultura del difunto.