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El féretro

30 de enero de 2026

El arte funerario no termina en el suntuoso panteón familiar. También el féretro- la “caja o andas en que se lleva a enterrar a los difuntos”, según la RAE- se convertía en un objeto artístico de representación social y memoria.

Las familias acomodadas encargaban ataúdes suntuosos, en ocasiones incluso antes del fallecimiento, como parte del último homenaje al ser querido. Los talleres especializados ofrecían piezas únicas elaboradas con materiales nobles y costosos: maderas nobles o, en casos excepcionales, plomo, un material que garantizaba la integridad del difunto y subrayaba el estatus social del finado, habitual en enterramientos de la realeza. A ello se sumaba aplicaciones metálicas, interiores forrados en raso, cristales biselados y una iconografía cuidadosamente seleccionada.

En Ciriego conservamos un féretro de plomo de principios del siglo XX, ricamente ornamentado, que conserva diversos elementos decorativos. Destaca una garra de león, concebida como pata de sarcófago, símbolo de fortaleza, poder y eternidad. Se completa con ángeles en relieve, antorchas boca abajo, motivos vegetales y molduras, así como una cruz central acompañada de guirnaldas y otros símbolos cristianos.

Estos féretros no eran simples ataúdes, sino verdaderas obras de arte. Las crónicas describen estos ataúdes como “lujosísimos” y “de gran mérito artístico”, expuestos para el público en los propios talleres donde se elaboraban.

En definitiva, los féretros de principios del siglo XX nos hablan no solo de la muerte, sino de clase social, formando parte esencial del patrimonio cultural que podemos encontrar en lugares como el Cementerio de Ciriego.

Fuentes: La Atalaya, 7/5/1893, (126), p.3.; La Atalaya, 29/10/1895, (1018), p.2.

Bibliografía: Elías, Fátima.: La voz de los muertos. Guía de símbolos olvidados de los cementerios, editorial Reino de Cordelia, 2019.