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UN JARDÍN JUNTO AL MAR

Héroes de la Libertad (del 24 de septiembre de 1868)

En mayo de 1912, Ernesto del Castillo, concejal del Ayuntamiento de Santander solicita que se trasladen los restos mortales de los «gloriosos mártires de la revolución de 1868» y que «sea construido un suntuoso panteón» petición que no se llevó a cabo hasta la clausura del antiguo cementerio en 1927. En ese año, Javier González de Riancho presentó  un nuevo proyecto, que, finalmente, no fue ejecutado.

En la cripta reposan los restos, trasladados de la antigua necrópolis, de los denominados Héroes de la Libertad, muertos a causa de la Revolución de 1868 o «La Gloriosa», un levantamiento revolucionario que tuvo lugar en septiembre de 1868 y supuso el destronamiento de la reina Isabel II y el inicio del periodo denominado Sexenio Democrático. Al cumplirse el 50 aniversario de este suceso, los restos mortales aún se encontraban en la antigua necrópolis de San Fernando. El periódico El Cantábrico narra la manifestación popular que tuvo lugar para “honrar la memoria de aquellos hombres resueltos y valerosos que murieron en Santander”. Asimismo recoge una carta de Pérez Galdós que se leyó durante los actos, en la que criticaba la “somnolencia” de la ciudadanía ante aquellos hechos en los unos valientes hombres habrían luchado por la libertad del país.

El paso del tiempo ha ocasionado que el monumento pierda alguno de sus elementos decorativos como una placa con inscripción conmemorativa y las pequeñas hendiduras circulares señalan que pudieron haber existido letras o decoración exenta.

El ángel

La escultura está compuesta por la figura de un ángel y a su lado una columna. El ángel, con figuración humana y en edad adulta, tiene las alas abiertas como guía del alma hacia el paraíso. Permanece en posición orante, arrodillado, con las manos entrecruzadas y apoyadas sobre su pierna izquierda. Se muestra con la cabeza inclinada hacia el suelo, en actitud de recogimiento, acaso sea la representación del dolor por la muerte ajena. Aparece firmado por la casa Villeroy&Boch, fabricante de cerámica que trabajó con catálogos funerarios hasta pasada la década de los años 20 del siglo pasado.