El panteón presenta una planta de cruz griega – símbolo de armonía y perfección – con una decoración de volúmenes y líneas que rompen con la regularidad de la piedra. El monumento se dispone sobre un pódium utilizado para corregir el desnivel que presenta la manzana, más agudizado en su lado norte. En la fachada principal, orientada al este, dos pequeños escalones salvan el desnivel de la entrada; a cada lado se pueden ver pilares adosados cuyos capiteles presentan unas estructuras geométricas, en alusión a la muerte. En la cubierta, abovedada, también se combinan los volúmenes y las líneas. A modo de remate se coloca una cruz de cuatro caras sobre cumbreras.
Destaca la puerta de acceso al interior del panteón, fabricada en hierro y acabada con pintura negra. El cierre consta de dos puertas exactamente iguales, decoradas con motivos geométricos en el tramo inferior y con cruces latinas horadadas con motivos vegetales en los tramos restantes. La pieza presenta una calidad excepcional, y es representativa del trabajo de metalistería que se realizaba en las obras funerarias.
Este monumento es uno de los escasos ejemplos que se pueden ver en el cementerio de Ciriego vinculado al estilo de la Secesión Vienesa (junto con el panteón de la familia Cué). Estas formulaciones modernistas tuvieron una gran aceptación en el arte funerario gracias a la pervivencia de sus principios estilísticos, así como a la difusión de revistas de arquitectura en las que aparecían propuestas de monumentos funerarios.
El autor, Valentín Ramón Lavín Casalís (1863-1939), fue arquitecto municipal de Santander, su ciudad natal. Fue el encargado de realizar numerosos trabajos existentes en el cementerio de Ciriego, ya que las familias eran proclives a encargar la construcción de sus panteones a los arquitectos que también proyectaban sus casas. Entre las obras que hizo Casalís se encuentran: el monumento a las víctimas del Cabo Machichaco, el Parque de Bomberos Municipal, el Hotel Roma o la torre de la Iglesia de los PP. Jesuitas.