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UN JARDÍN JUNTO AL MAR

Relieve de la capilla del Cementerio de Ciriego

En 1968 Gabriel de la Torriente plantea la ejecución de un alto relieve, una Piedad, de la mano de Jesús Otero. Esta propuesta se convierte en una adjudicación sin concurso, con carácter excepcional. Esta representación forma parte de las esculturas de carácter religioso que dominan su producción (junto con los retratos y temática animalísticas). El escritor Aurelio García Cantalapiedra en su artículo «Otoño y Poesía en la Escultura de Jesús Otero» establece una vinculación entre la estación referida y este relieve, señalando que “Sobre el regazo apenas esbozado de una figura femenina el cuerpo caído, en extraño escorzo de Cristo. También es otoño en esta impresionante figura. A la primavera fulgurante ha sucedido el otoño sin apenas verano. El cuerpo de Cristo no le tuvo. El cincel del escultor quiere que no muera totalmente y retenerle así, en este trance. No le deja transformarse en invierno”. Quizás es el resultado de la fase de creación más esquemática de Otero, a la que Joaquín de la Puente considera «más sacra de la cuenta» y que define «como una producción sin artificios o virtuosismos que los puedan enmascarar o transustanciar”. El éxito de esta obra le facilita otros encargos en Ciriego, como es el relieve ubicado en el panteón de la familia Mira-Marañón, una versión de reducidas dimensiones de esta Piedad para la capilla, o el relieve de la cabeza de Cristo, elemento decorativo que preside el panteón de Mª Pilar y Javier Casanueva.