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UN JARDÍN JUNTO AL MAR

Huesera de Rafael Rodríguez Rapún

En esta huesera están depositados los restos de Rafael Rodríguez Rapún (Madrid, 1912 – Santander, 1937): ingeniero de minas, actor, militante comprometido con la República y el hombre de las Tres Erres, así lo apodó su último amor, el poeta granadino Federico García Lorca (1898-1936).

En 1933 entró a formar parte de La Barraca, la compañía teatral que durante la Segunda República se dedicó a llevar el teatro del Siglo de Oro español por los pueblos de todo el país. Poco más tarde, Lorca lo nombró secretario particular del teatro, así como el suyo personal, fruto de su romance. Gracias a las giras que hicieron entre 1932 y 1935, el grupo visitó otras zonas de Cantabria como Tudanca – donde se vieron con José María Cossío –, Somo o Santillana del Mar.

El asesinato de Lorca hizo que Rapún se alistase al Ejército Republicano. Fue enviado al frente con el título de teniente y cayó herido tras ser bombardeado por un avión italiano. A pesar de ser trasladado al Hospital de Campaña n.° 4, fallece el 18 de agosto de 1937 según el registro existente en el Cementerio de Ciriego, a los 25 años de edad. Quiso la muerte llevárselo exactamente en el aniversario del asesinato de su amado.

En un primer momento fue enterrado en una de las tumbas que se iban excavando en el campo santo, a desconocimiento de su identidad. Diez años más tarde sus restos fueron trasladados por solicitud de su padre al nicho donde se encuentra en la actualidad.

La memoria de Rafael Rodríguez Rapún fue redescubierta por el escritor, historiador e hispanista Ian Gibson en su libro “Lorca y el mundo gay” (2009).

La última carta que Rafael Rodríguez Rapún escribió a Lorca:

Dejar de ver a una persona con la que has estado pensando, durante meses, todas las horas del día es muy fuerte para olvidarlo. Máxime si hacia esa persona se siente uno atraído tan poderosamente como yo hacia ti…”.

Palabras de María Teresa León (1903-1988) en sus memorias, esposa de Rafael Alberti y gran amiga de Rapún:

Nadie como este muchacho silencioso debió sufrir por aquella muerte. […] Y Rapún se marchó a morir al frente del Norte. Estoy segura de que después de disparar su fusil rabiosamente se dejó matar. Fue su manera de recuperar a Federico”.